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Conoce la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva en Espartales

Semana Santa 2026

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La parroquia de Santo Tomás de Villanueva en Alcalá de Henares ha celebrado una Semana Santa profundamente vivida, en la que toda la comunidad ha podido adentrarse, día a día, en el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, en un clima de oración, recogimiento y comunión eclesial.

El pórtico de estos días santos tuvo lugar con el Vía Crucis del Viernes de Dolores, que, como viene siendo habitual, recorrió las calles del barrio. Este Vía Crucis fue el último de los que cada viernes de cuaresma, después de la Misa de la tarde, se han rezado preparados por los distintos grupos parroquiales; con meditaciones redactadas por ellos mismos, nacidas de la experiencia de fe de sus miembros, ayudando a toda la comunidad a contemplar la cruz de Cristo desde la vida concreta.

El Sabado de la semana de Pasión, Como culminación del camino cuaresmal, la asamblea parroquial ofreció un espacio de oración y discernimiento comunitario, siguiendo las enseñanzas del Santo Padre. A la luz del discurso que el Papa dirigió a la parroquia el pasado mes de diciembre, se profundizó en la llamada a vivir en la presencia de Dios, a poner los dones recibidos al servicio de todos y a reconocer en los más pobres el rostro mismo de Cristo.

El Domingo de Ramos abrió solemnemente la Semana Santa con la bendición de los ramos en la plaza del Viento y la posterior procesión hasta el templo, acompañada especialmente por los niños. La Eucaristía, celebradaa en un templo lleno a rebosar, manifestó la fe viva del pueblo de Dios que aclama a Cristo como Señor.

El Lunes Santo se dedicó de manera especial a la penitencia y a la reconciliación. Al acabar el ejercicio de la Cuaresma, todos los fieles están llamados a recibir ese granito de la confesión como preparación para vivir el santo trigo Pascual. Durante toda la jornada, en el horario que a cada cual le fue más conveniente, todos pudieron acercarse al sacramento de la confesión, culminando en una celebración comunitaria en la que, como parroquia, se elevó una súplica confiada por el perdón y la misericordia de Dios, especialmente por los pecados comunitarios, además de los personales. El día terminó con la celebración de la Misa en acción de gracias por la misericordia de Dios recibida en el sacramento de la confesión.

El lunes y el martes Santo por la mañana, los niños participaron en actividades que les ayudaron a introducirse en el misterio pascual desde su propia realidad y donde entre otras cosas realizaron un taller que llevaron como regalo a los ancianos de la residencia atendida a pastoralmente por la parroquia.

El Martes Santo, los jóvenes realizaron una excursión a pie desde Valverde de Alcalá hasta Torres de la Alameda, donde participaron en la Eucaristía de la parroquia y compartieron un encuentro fraterno. El párroco de Torres de la Alameda, don Álvaro Fernández, los recibió muy cordialmente y puso a su disposición de los salones parroquiales. Tras la cena, el testimonio de un cristiano de Tierra Santa y la formación sobre el Santo Triduo dirigida por el padre Arturo les dispusieron interiormente para vivir con mayor profundidad los días de la Semana Santa.

El Miércoles Santo, día de especial significado en la vida diocesana por ser el día en que se celebra la Misa Crismal, presidida por nuestro obispo y concelebrada por todos los presbíteros de nuestra diócesis, a la que acuden también numerosos fieles, donde se consagra el Santo Crisma, se bendicen los Santos Óleos y todos los sacerdotes de la diócesis renuevan sus promesas sacerdotales. Por la tarde, la parroquia acogió solemnemente el Santo Crisma y los Santos Óleos, signo de la comunión con el obispo y de la unidad de la Iglesia, en una celebracion a modo de recepción. Representantes de cada una de las áreas pastorales de la parroquia presentaron los Óleos y el Crisma y después fueron llevados en procesión a la capilla bautismal donde junto a la pila son venerados durante todo el año.

Cada día de la Semana Santa y de la Octava de Resurrección la comunidad fue convocada a primera hora de la mañana para rezar juntos la oración de laudes y del oficio de lecturas y marcar de esta manera el camino de cada una de las jornadas a la luz de las oraciones salmicas que compartimos con toda la Iglesia y de los textos de la Palabra de Dios y de los Padres de la Iglesia que iluminan estos días santos.

El Jueves Santo comenzó con la celebración en la residencia de mayores, acercando el misterio de la Pasión a quienes no pueden desplazarse. Muchos niños, adolescentes y jóvenes acompañaron esta celebración y, al acabar, saludaron a los ancianos, les entregaron las manualidades realizadas en los talleres para niños de los días precedentes y disfrutaron de un momento muy hermoso de intercambio entre los más mayores y los más pequeños.

Por la tarde, la Misa de la Cena del Señor, con el significativo gesto del lavatorio de los pies, hizo visible el amor humilde y entregado de Cristo. La celebración estuvo presidida por el padre Christián. En un templo lleno, se dispusieron sillas repartidas entre los bancos para que todos pudiesen ver lo más cerca posible este gesto del amor de Dios. Al final de la celebración en el Santísimo Sacramento fue trasladado solemnemente en procesión hasta el lugar de la reserva eucarística comúnmente llamado monumento que este año fue dedicado a la unidad, tema que ha guiado la formación de la diócesis en este curso pastoral. No es obligatorio que el monumento tenga ningún signo o expresión concreta pero es costumbre que cada año los adornos y la ornamentación de esta noche tan especial nos quieran transmitir algo que nos ayude a orar personalmente según el camino que estamos haciendo comunitariamente.

La adoración al Santísimo, prolongada durante toda la noche, permitió a los fieles velar junto al Señor en oración silenciosa.

El Viernes Santo se vivió con particular intensidad. El Vía Crucis de los niños por las calles del barrio mostró una fe sencilla y profundamente participativa. Por la tarde, la celebración de la Pasión del Señor, seguida en clima de recogimiento, condujo a la comunidad a contemplar el misterio de la cruz. La celebración fue presidida por el padre Arturo quien nos invitó a recibir el amor de Dios manifestado en Jesús crucificado como la esposa acoge el amor incondicional y fiel de su esposo.

La jornada concluyó con el Vía Crucis nocturno, en el que también numerosos vecinos se pudieron unir desde sus casas al paso del Vía Crucis. Una ocasión de vivir la religiosidad popular en una fecha tan significativa y de evangelizar a través de las imágenes y de la presencia del pueblo de Dios en las calles de nuestro barrio.

El Sábado Santo, día de silencio y espera, estuvo dedicado a la oración y a la contemplación. El retiro parroquial comenzó en la parroquia con una meditación dirigida por el padre Arturo. Esta primera meditación con el tiempo silencio personal que la siguió concluyó con una oración dirigida a la Virgen María en el misterio de su Soledad. A mitad de mañana, un gran número de miembros de la parroquia nos dimos cita en la ermita del Santísimo Cristo del Calvario patrón de Mondéjar. En el interior de la ermita el padre Arturo nos dirigí una segunda meditación que nos ayudó al último momento oración de la mañana que pudimos hacer en el entorno natural de la ermita concluyendo con la oración comunitaria del Rosario. Tras la comida tuvimos ocasión de visitar la hermosa parroquia de Santa María Magdalena en Mondéjar donde nos acogió y recibió muy amablemente su párroco, Jesús Ferreras.

Ya en la noche, la solemne Vigilia Pascual, centro de todo el año litúrgico, reunió a la comunidad en una celebración prolongada y llena de significado, que culminó en la alegría desbordante de la Resurrección. La celebración, presidida por nuestro párroco, comenzó a las once de la noche y se prolongó hasta cerca de las tres de la mañana. Toda la comunidad, pero especialmente los encargados de la liturgia y del canto, se volcaron en la celebración haciendo de ella el momento más importante de todos los que se vivien en esta parroquia a lo largo del año.Acabada la liturgia otros vivimos de la parroquia también se entregaron generosamente a disponer los lugares comunes y a preparar un gran ágape fraterno que acompañado de cantos y bailes se prolongó hasta casi el amanecer del día de Resurrección.

El Domingo de Resurrección comenzó con la procesión del Encuentro, signo visible del gozo pascual, y continuó con la solemne Eucaristía. Por la tarde, las vísperas bautismales permitieron dar gracias por el don del Bautismo y renovar la fe recibida.Durante toda la Octava de Pascua, la parroquia ha prolongado la celebración del misterio pascual con Eucaristías solemnes y encuentros fraternos preparados por los distintos grupos, en un clima de auténtica alegría cristiana.

La semana culminó con el Domingo de la Divina Misericordia, especialmente significativo para los niños, poniendo así el broche final a unos días en los que la comunidad ha experimentado con hondura la presencia viva del Señor resucitado.

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