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Clausura del Jubileo Parroquial 2025

Un año de gracia que se ancla para siempre en el corazón

La tarde del diez de enero puso broche de oro al intenso recorrido espiritual que nuestra parroquia ha vivido a lo largo del Año Jubilar 2025, un tiempo de gracia, misericordia y renovación profunda que quedará grabado en la memoria y en el corazón de toda la comunidad.

A las 17 horas dio comienzo la celebración de la Eucaristía de acción de gracias. El templo, lleno de hermanos, ofrecía una imagen profundamente elocuente: todos vestían velos blancos, signo de la renovación de las promesas bautismales y de la acogida renovada del don de la esperanza, de la indulgencia y de la misericordia recibidas durante este año jubilar como un verdadero nuevo comienzo, una nueva oportunidad de vida en Dios.

Un gesto simbólico que recogía todo el camino recorrido.

La celebración se inició con una solemne procesión. Los fieles portaban los carteles que durante todo el año habían rodeado el templo, anunciando y simbolizando cada una de las etapas del camino jubilar:los días dedicados al Sacramento de la Reconciliación, las Misas del peregrino, la primera parte del itinerario, “Llamados”, y la segunda, “Enviados”. En ellos también podían leerse los artículos del Credo de Nicea, que nos han acompañado en el Diario del Peregrino.

Estos carteles fueron llevados hasta los pies de la gran ancla, signo central del Jubileo, donde se fueron enganchando uno a uno en sus extremos, expresando visiblemente que habíamos recorrido todas las etapas y habíamos llegado a la meta.

Al mismo tiempo, otros fieles portaban velas que fueron ofrecidas ante las imágenes de los santos que nos han acompañado como compañeros de camino en cada etapa jubilar. Sus fotografías rodeaban el gran cuadro de Santo Tomás de Villanueva, formando una auténtica corona de hermanos, presentes con su intercesión, su ejemplo y su cercanía espiritual durante todo este año de gracia.

Tras este gesto simbólico, acompañado por el Himno del Jubileo, dio comienzo la celebración de la Misa en la solemnidad del Bautismo del Señor con la que se da terminó a las fiestas de la Navidad.

“Anclar lo vivido en el corazón”

En la homilía, nuestro párroco subrayó con fuerza que el ancla que ha presidido desde el presbiterio las celebraciones y encuentros durante todo el año y que ahora será retirada de nuestra vista, debe quedar anclada en cada uno de nuestros corazones. Todo lo vivido, todo lo recibido, toda la gracia derramada, ha de permanecer firmemente anclados en nuestras vidas.Insistió en que este tiempo es, ante todo, un tiempo de acción de gracias, pero recordó que todo don recibido se convierte también en una responsabilidad. Unido a la celebración del Bautismo del Señor, nos invitó a contemplar cómo el Padre nos entrega a su Hijo como el mayor de los dones, y a la vez como la mayor de las responsabilidades: un Hijo que viene a entregarse, a dar la vida.

De este modo, también nosotros, que tanto hemos recibido, estamos llamados ahora a comprometernos sin miedo, a dar la vida con todo nuestro ser, siendo portadores de la esperanza y de la vida que se nos ha regalado durante este Jubileo.

Al finalizar la Eucaristía, los fieles atravesaron por última vez la Puerta Santa, esta vez como gesto definitivo de envío y compromiso, para llevar al mundo la esperanza recibida.

A la salida se repartió una última palabra inspiradora para portar la esperanza, como se ha hecho cada día jubilar: en esta ocasión, el discurso que el Papa León dirigió a nuestra parroquia en la audencia privada del pasado mes de diciembre, recibido como palabra de aliento, fuerza e inspiración para seguir siendo auténticos peregrinos de esperanza, conforme a lo que Dios nos pide hoy a través del Santo Padre.

Una fiesta compartida que se hace caridad

Desde la iglesia, los peregrinos se dirigieron al Colegio Alborada, donde en uno de sus polideportivos estaba todo preparado para la gran fiesta de clausura del Jubileo.En un ambiente familiar y alegre, compartimos una tarde distendida, magníficamente animada por nuestro hermano Diego Larrea, cantautor y miembro de la parroquia, que lo dio todo para ofrecernos un tiempo de calidad, música, alegría y un mensaje profundamente humano y cristiano.

Durante toda la tarde funcionó un gran rastrillo solidario, gracias al cual muchos pudieron colaborar con la obra social del Jubileo. El gran protagonista fue el tradicional roscón con chocolate, donado generosamente por El Catering La Cocina, cuya aportación fue una auténtica delicia para mayores y pequeños.

La jornada concluyó con una gran rifa, en la que muchos tuvieron la alegría de recibir premios y todos la oportunidad de participar activamente en la obra social jubilar.

15500€ para la obra social del Jubileo. Un fruto que supera toda expectativa.

Con inmensa alegría podemos comunicar a toda la parroquia que, tras recoger donativos, aportaciones del rastrillo y participaciones en la rifa, casi hemos duplicado el objetivo económico que nos habíamos marcado.

Nuestro propósito inicial era recaudar 8.000 euros para ayudar a 33 personas de la parroquia de Gaza con medicamentos necesarios para sus tratamientos médicos. Gracias a la generosidad desbordante de toda la comunidad, hoy podemos anunciar que la cantidad alcanzada asciende a 15.500euros, lo que permitirá atender prácticamente al doble de personas.Este resultado es una auténtica acción de gracias a Dios, un testimonio vivo de cómo el Jubileo ha dado fruto en amor concreto y en caridad hacia quienes más lo necesitan.

¡Gracias!

Damos infinitas gracias a Dios por todo lo que ha supuesto este año jubilar y por la gracia del último día vivido juntos. Agradecemos de corazón a todos los hermanos que se han volcado en la obra social y en la organización de este evento; a los donantes, colaboradores y participantes; y de manera especial a la Comisión Jubilar, que ha sostenido con constancia, entrega y perseverancia todo este proceso a lo largo del año.

Que el Señor nos conceda la gracia de guardar en la memoria del corazón todo lo vivido y de seguir caminando hacia adelante, confiados en los frutos que el Espíritu Santo hará germinar en cada uno de nosotros y en toda nuestra comunidad parroquial.

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