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Conoce la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva en Espartales

VERANO 2026

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COMPLURRUTUM

Álvaro Calvo Fernández

Este verano tuve la oportunidad de ir al campamento Complurrutum. Duróocho días y fue una experiencia que recomiendo muchísimo.

Cuando llegué, ya conocía a bastante gente, ya que de mi parroquia, Santo Tomás de Villanueva, éramos unos 20 aproximadamente al inicio, aunque también había muchas caras nuevas que no conocía. El campamento estaba muy bien organizado y preparado para que los adolescentes pudiéramos empezar a conocernos desde el primer momento. Para ello, realizamos diferentes actividades iniciales y nos dividieron en grupos, lo que nos ayudó a relacionarnos con otras personas y a hacer nuevas amistades.

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Por otro lado, una de las principales características de este campamento son las caminatas, que consisten en llevar nuestros macutos de un pueblo a otro caminando. Aunque a veces estos caminos se hacen muy pesados y te dan ganas de no seguir caminando, el sentimiento de llegar y decir por ti mismo «esto lo he hecho yo» te da suficiente ánimo para hacer la caminata del día siguiente.

Además, durante estas caminatas tienes la oportunidad de hablar con otras personas, disfrutar de los paisajes y vivir momentos que probablemente no olvidarás. Creo que estas experiencias te enseñan a esforzarte y a no rendirte cuando algo se hace difícil, porque al final te das cuenta de que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Hacer estos caminos, de pueblo en pueblo, te ayuda mucho a conocer nuestra diócesis de Alcalá de Henares.

También son importantes las catequesis. Primero, todos juntos recibíamos una explicación general y, después, nos separábamos por edades y cada grupo iba con un monitor que nos ayudaba a entender mejor lo que nos habían explicado y respondía a nuestras preguntas.

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En resumen, el Complurrutum es un campamento en el que te lo pasas muy bien y tienes la oportunidad de conocer a muchos amigos, pero que también te plantea retos, como las caminatas. Además, las catequesis te ayudan en tu crecimiento personal y, más importante aún, te permiten conocer más y mejor a Dios.

Por todo esto, considero que el Complurrutum es una experiencia muy especial que merece la pena vivir y que, sin duda, recomendaría a otras personas.

CAMPAMENTO DE NIÑOS

Juan Miguel Bernal Pino

Hola, soy Juan Miguel Bernal Pino, tengo 21 años y en julio tuve la oportunidad de ayudar en la preparación del Campamento Diocesano de Niños.

Durante los meses de preparación recuerdo que me acompañaban constantemente las palabras de san Ignacio de Loyola: «para la mayor gloria de Dios».

El campamento se realizó del 12 al 18 de julio en Cuerva, Toledo. El lema del campamento era «Preferidos», inspirado en la película animada de El Rey David.

A través de las catequesis, representaciones, talleres, juegos y demás actividades, se siguió el hilo de la película para aprender que, sin importar nada, yo soy el preferido de Dios.

Cada mañana los catequistas comenzábamos rezando Laudes y, a lo largo del día, los niños disfrutaban también de la piscina y una pequeña granja, además de contar con espacios de recreación y convivencia acompañados por los catequistas. Participaron setenta niños de toda la diócesis, alrededor de veinte de nuestra parroquia, y contamos con diez catequistas de nuestra comunidad, nuestras hermanas de la Fraternidad, un seminarista y dos sacerdotes.

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Durante la semana recibimos también la visita de nuestro Obispo y, como cierre, celebramos la Misa con los padres, una tarde de juegos y la despedida.

Durante el campamento, el agobio y el cansancio fueron una tentación constante, por no hablar de las dificultades propias de la convivencia con los niños y con los otros grupos que nos acompañaron durante esa semana. A pesar de ello, al mirar atrás, lo primero que veo es la sencillez y la inocencia de los niños.

A través de ellos comprendí que no se trataba de amoldarlos a lo que yo consideraba «correcto», sino de aprender a acoger esa sencillez propia de la infancia. Descubrí que yo también necesitaba volver a aprender a ser como un niño.

Fue una semana en la que el Señor se hizo presente constantemente, pero donde más pude reconocerle fue en los momentos en los que surgía algún contratiempo. Pude ver que, desde pequeños, el deseo de Dios y de ser amados está inscrito en nuestros corazones. Y, al mismo tiempo, vi crecer en mí el deseo de ser imagen de ese amor, dentro de mi propia debilidad, tanto para los niños como para mis compañeros.

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Ahora, al terminar el verano, después de haber estado en la convivencia de jóvenes y en las vacaciones parroquiales, el deseo de ser testigo de ese amor se hace cada vez más presente en mí, aunque todavía estoy a la espera de que el Señor me enseñe la forma concreta en la que pueda ofrecerme.

De la misma manera, el Señor ha confirmado aquello que vi en los niños: todo ser humano está ardientemente deseoso de ser amado, sin importar su edad o estado de vida.

Espero que este testimonio ayude a nuestra comunidad a ver las necesidades del mundo con los ojos de una persona enamorada. Que el Espíritu Santo inflame nuestros corazones y que haga de nosotros una llama de amor viva.

Que lo primero y lo último sea la mayor gloria de Dios.

CAMINO LEBANIEGO

Esther Planillo Jarauta

El pasado mes de agosto, un pequeño grupo de jóvenes de la primera comunidad neocatecumenal de nuestra parroquia peregrinamos, bajo el lema «Dios abre caminos», a Santo Toribio de Liébana (Cantabria).

Siguiendo el trazado del Camino Lebaniego, partimos caminando desde San Vicente de la Barquera para llegar, cuatro etapas más tarde, al monasterio donde se conserva la reliquia del Lignum Crucis, el trozo más grande conservado de la cruz donde murió Jesucristo.

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Fue una experiencia muy especial que nos permitió una mayor intimidad con el Señor en el verano. Además, tuvimos la oportunidad de conocer a otros jóvenes de las parroquias de Santa María del Monte Carmelo (Madrid) y San Nicolás el Real (Guadalajara) que, como nosotros, viven su fe dentro del Camino Neocatecumenal.

Personalmente, supuso una llamada del Señor que, como a Pedro sobre las aguas, me decía «ven». Fruto de este encuentro surgió en mí el deseo de dar la vida siguiendo el ejemplo que Él nos dejó en la cruz.

Asimismo, tuve la gracia de ver la grandeza de Dios en la belleza del paisaje y también en los pequeños detalles.

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Finalmente, agradezco profundamente al Señor por su fidelidad y por todas aquellas personas que, con su entrega y generosidad, hicieron posible esta peregrinación, especialmente a los catequistas y presbíteros que nos acompañaron.

Ingrid, Laura, Mario, Claudia y Esther a las puertas del monasterio de Santo Toribio de Liébana.

CAMINO DE SANTIAGO – PASTORAL UNIVERSITARIA

Víctor Pérez Rincón

Hola, soy Víctor, tengo 19 años. Estos últimos meses empecé mi proceso de acercamiento a la fe, empezando a dar catequesis para recibir mi primera comunión.

Tras unos meses en la parroquia, me invitaron al grupo de jóvenes y conocí a gente espectacular. Algunos de ellos me animaron a ir a la pastoral universitaria. Y, tras muchas dudas, meses más tarde me animé a ir.

Ahí descubrí un montón de jóvenes, como yo, con objetivos muy parecidos, ganas de conocer gente e ir juntos por el camino de la fe. El primer día que fui, ya me comentaron sobre un plan de verano: estaban invitando a todos los jóvenes universitarios de la diócesis que quisieran a hacer el Camino de Santiago y, aunque yo ya llegaba un poco tarde, me pidieron hacer un hueco.

En julio, con la pastoral universitaria, salimos desde Tui. Éramos dieciséis jóvenes y el delegado de la pastoral universitaria, el padre Nacho. Fueron siete días muy buenos. Aprendí mucho del camino, compartiendo con personas que nunca había visto.

Yo fui solo conociendo a dos personas y, al final, me sentí muy incluido en el grupo, formando una gran unión. Hicimos el Camino Portugués durante siete días.

Todos los días eran especiales: algunos días, río por la tarde; otros, torneos de cartas; o incluso un día lo pasamos con un monje ermitaño en Pontevedra.

Todos los días íbamos muy contentos, juntos a misa. Por las noches hacíamos una velada con temas a tratar sobre la fe, en dos grupos por edades, las cenas Alpha.

Llegamos a Santiago el día 23 de julio. Fue un momento increíble, donde todos los jóvenes teníamos gran expectación. Para muchos, era nuestra primera vez haciendo el camino.

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Al acabar esos días, todos coincidimos en que esa semana fue un antes y un después en nuestra vida cristiana. A muchos se les encendió de nuevo esa llama del Espíritu Santo, o a mí me sirvió para entender cómo llevar mi día a día para agradar a Dios.

Aprendí un montón y me llevé mucho de ese viaje.

Tras ese viaje, tuve las vacaciones con la diócesis en Javier, y fue algo diferente al camino. Íbamos muchas más personas y tal vez no pude profundizar con gente nueva. Pero fue espléndido, conociendo lugares nuevos, aprendiendo nuevas canciones y formas de rezar.

Gente increíble que me permitió seguir proyectando mis ganas de acercarme al Señor. Pero, sobre todo, me llevé la gran alegría de recibir la noticia de que el próximo 27 de septiembre recibiré mi primera comunión.

Tengo una gran ilusión por que llegue el día, con mucha emoción y ganas de pronto recibir por primera vez la Eucaristía.

Por último, este verano, durante el Camino de Santiago conocí a un chico de Paracuellos, Carlos, que entrará en septiembre en el seminario. Tal fue nuestra unión esa semana que, sin pensarlo mucho, decidimos irnos los dos juntos de Interrail por Italia.

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Aprendí mucho de él y compartíamos muchas cosas juntos. Cuadramos todo para llegar el último día a Roma y rezar el Ángelus con el Papa. ¡Al final pudimos darle la mano y todo!

En conclusión, este verano para mí fue realmente increíble. Me llevo un montón de momentos vividos y gente increíble que he conocido, pero lo que más feliz me hace es sentirme ya mucho más cerca del Señor y saber que ya estoy empezando a seguir los pasos de la fe.

Donde ya no lo hago solo: un montón de gente a mi alrededor que me guía y acompaña cada día para poder conocer y entender más lo que pide el Señor de mí, poniéndole en el centro de mi vida.

Tras algunos años de dudas, ya siento que es lo que me llena y me llama a seguir.

VACACIONES JÓVENES

Valeria Gonzalez Sotelo

El plan de verano de jóvenes fue una oportunidad para aprender que descansar no significa estar tumbado sin hacer nada.

Vivimos unos días en comunidad, priorizando nuestros ratos con el Señor en el día a día. Aprendimos sobre la Biblia, san Francisco Javier, santa Bernardette y san Ignacio de Loyola.

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Fueron días de estar presente, de acercarte a tu amigo en lugar de «mandarle un WhatsApp», compartiendo mientras hacíamos deporte, jugábamos al Trivial o pasábamos horas en el bus.

Además, pudimos visitar juntos muchos sitios: Lourdes, Loyola, Javier, Zaragoza y San Sebastián. Y contamos con la compañía de nuestro obispo, que nos regaló un pequeño retiro, además de acompañarnos en nuestras excursiones y actividades.

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Ha sido una gran ayuda para aprender a priorizar al Señor durante las vacaciones, a la vez que compartíamos y generábamos lazos con nuestros hermanos.

Ahora que he empezado el curso, este plan de verano me ha dado herramientas y me ha enseñado cómo se puede vivir el día a día priorizando esos ratos con el Señor. Ha sido un gran impulso para este inicio de curso.

Vacaciones parroquiales (José Manuel Alonso)

VACACIONES PARROQUIALES

José Manuel Alonso Lucas

Esta semana de vacaciones parroquiales en Porto do Son, Galicia, ha supuesto muchas cosas para mí y muchos de nosotros: una manera de vivir las vacaciones de una forma y estilo diferente: viajar en compañía, vivir y convivir en comunidad, vida de oración, formación y ocio, descanso en el servicio.

Las vacaciones se iniciaron con una sorpresa inesperada: un ofrecimiento a mi familia, esperando un «no», acabó siendo un «sí». Mis primeras vacaciones con tres generaciones familiares que, a su vez, se convierten en un regalo mayor, ya que aúnan mi familia de sangre con mi familia de hermanos de la Iglesia.

Durante toda la semana hemos tenido el regalo de tener al Señor sacramentado entre nosotros, y ello se ha notado en el ambiente de la casa. Hemos podido pasar a hablar con Él en cualquier momento, dar los buenos días, tardes y noches «en persona»; le hemos rezado, adorado y alabado.

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Hemos celebrado la Misa diariamente y nos hemos alimentado de su Palabra en largos y tranquilos ratos de oración.

Durante estos días también nos hemos formado. Ello ha puesto de relieve las ganas que tiene toda la comunidad de aprender y, sobre todo, de conocer mejor al Señor.

El padre David nos acercó un poco más a la humanidad de Jesús, Cris Cons nos dio testimonio de cómo poner a Dios en el centro de su vida y el padre Javier nos dio pautas para avanzar y mejorar en nuestra vida parroquial.

Nos hemos «revisado» como parroquia, evaluando nuestro trabajo y valorando si estamos en la perspectiva de cómo quiere Dios que lleguemos a ser, como nos gustaría llegar a ser.

Hemos disfrutado juntos del tiempo libre. Hemos compartido sobremesas distendidas con anécdotas, preguntas, temas candentes… Hemos compartido tardes de playa, de juegos, de turismo. Veladas divertidas y competitivas.

Durante estos días, dentro de nuestra diversidad parroquial, creo que todos hemos realizado un esfuerzo para sacar nuestros dones para ponerlos al servicio de los demás. Más allá de juntarnos con los más afines y allegados, nos hemos mezclado y conocido de verdad y no en lo superficial.

Gracias, Señor, por pararte en nuestra encina de Porto do Son. Gracias por este Mambré.

Te pedimos, Señor, que sus frutos perduren en nuestra comunidad y su recuerdo avive nuestros corazones. Doy fe de que en mi familia lo ha hecho.

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